domingo, 31 de diciembre de 2006

Giro al infierno.

Justo al llegar de Caracas los tres supervivientes.
El Chevrolet Nova de marras.

Foto desastrosa (Miguel no vale nada como fotógrafo) con Luís Enrique (el hermano de miguel), su novia, Cristal, ademas de unos cuantos espontaneos..
Reunión en casa de la madre de Jesse (él es el que hace de Superman vestido de blanco). En primer termino Rafael, el “hijo adoptivo” de la familia de Miguel.

Antes de nada alli ya son mas de las 12 asi que:¡FELIZ AÑO A TOD@S!.
Os cuento que una vez mas mis queridos venezolanos han vuelto a enredarme miserablemente y estoy de nuevo en Ciudad Bolívar… … A esto en mi tierra lo llaman “llevarte como puta por rastrojo”.
El asunto es el martes por la noche cuando volví para Caracas venían conmigo (o yo con ellos) Miguel, su hermana Cristal y el esposo de está Jesse. Ellos iban a buscar una moto nueva y un coche de segunda mano que acababan de comprar y Miguel les acompañaba para ayudarles en el regreso.
Mi idea era pasar el fin de año tranquilo por Caracas, pero al final después de haber trabajado solo dos días en La Guaira (a este paso la base de datos se va a eternizar por los siglos de los siglos) el jueves por la noche me pillaron por banda y me dijeron que ellos se volvían de regreso al día siguiente bien temprano y que claro, que “estaría bien que nos echaras una mano conduciendo”, etc. Lo que me acabo de convencer es que Jesse se tenia que venir en autobús cargando la moto como “equipaje” y entonces iban a venir solos en el coche Miguel y Cristal, embarazada de 4 meses.
Total que a las 04:15 de la mañana, después de haber dormido menos de 5 horas, me puse en pie y me decidí a salir rumbo a Bolívar con el dúo de hermanos. Salimos a las 05:30 en el coche de marras, a todas estas un Chevrolet Nova del año… ¡1973! (sic), es decir del mismo año en que nació Miguel. Todo fue bien durante digamos … 5 minutos cuando Miguel se dio cuenta de que los frenos casi no frenaban, lo que significo que nos lijamos algún que otro semáforo en rojo por medio de Caracas. Pero nuestros verdaderos problemas empezaron 10 minutos mas tarde, cuando íbamos a 100 por la autopista que cruza Caracas y el coche empezó a pegar unos petardazos tremendos (en el primero pensé que habíamos reventado un neumático) por el tubo de escape.
Tuvimos que parar en Guarenas, una ciudad dormitorio de Caracas y esperar a que abrieran los talleres a las 08:00. Purgamos los frenos, limpiamos el carburador y a las 11:30 seguimos la marcha para descubrir a los 5 minutos que el problema de los petardazos continuaba. Eso significo que la velocidad máxima que podíamos alcanzar era de 60-80 Km. /h… y el viaje es de unos 700 kilómetros, imagínate el plan. A lo largo de la ruta fuimos cambiándole piezas al motor: primero la bobina y después los manguitos del filtro de la gasolina. Cuando llevábamos más de la mitad del camino la cosa se fue arreglando y pudimos pisarle más, hasta que al final iba casi bien. En total 17 horas para un trayecto que se hace en 7. Para que os hagáis una idea, Jesse salió en autobús 7 horas mas tarde que nosotros y llego media hora antes…

Descansados ya de la odisea, ayer fuimos a la casa de los padres de Jesse (justo al lado de donde vivía Miguel en 2004) a hacer una sopa y a pasar la tarde con las dos familias. Todo muy bueno y muy divertido, pero esta comprobado que la sopa en Ciudad Bolívar no es lo mio… como hace 2 años me ha hecho polvo el estomago, así que a ver que hago esta noche con la tremenda cena navideña y la posterior borrachera. Ya me están temblando las orejas…

Nota: “Giro al Infierno” es una película de Oliver Stone, que me encanta y de la cual me iba acordando durante todo el viaje. Para mas información puedes consultar: http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article2318.html .

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Una navidad diferente.

Pinki, el perrito de Thania. Es tan bonito que los tengo amenazados con llevármelo para España debajo del brazo. Ellos, a cambio, me amenazaron de muerte.

Nochebuena en casa de Anngie. Paoli, la pequeña de los nueve hermanos, Anngie (irreconocible, por cierto) y su padre. La camisa es de Miguel y fue una "amable sugerencia" suya que me la pusiera.

Alboroto familiar durante el intercambio de regalos en casa de los padres de Anngie.

Otra vez de vuelta en la infernal urbe después de estos días de relax. Por Ciudad Bolívar ha estado todo muy bien, muy pintoresco y familiar, amen que un tanto etílico.
El viaje de ida fue largo y como no repleto, de accidentes de tráfico que parecen no poder faltar en cualquier trayecto que se precie por las carreteras de Venezuela. (1)
Cuando llegamos con Anngie nos vinieron a buscar Miguel y su hermano Luís Enrique, apestando a rancio y sin haber dormido nada en toda la noche. Nos llevaron a casa de su tía, donde nos encontramos un percal digno de ver: un maldito borracho se había estampado el día anterior a toda velocidad contra la casa yendo en contra dirección y usando además un coche oficial de la Alcaldía, con el resultado de la pared frontal completamente derruida y la mayoría de sus enseres echados a perder. De puro milagro no hubo daños personales. Lo que le faltaba a la pobre mujer que acaba de salir de un cáncer y que en agosto perdió a una de sus hijas en un tiroteo entre delincuentes en pleno centro de la ciudad. Eso si, la mujer no pierde el sentido del humor ni por un momento.
Después fuimos para la casa de la madre de Miguel (donde me he alojado estos días) y descansamos un poco. Allí conocí a la fauna familiar: Pinki, el precioso perrito poodle de Thania y el loro. Casi me muero de la risa cuando el dichoso loro empezó a gritar espontáneamente “¡Uh! ¡Ah! ¡Chávez no se va!”. Y es que como dicen ellos “en esta casa hasta el loro es chavista”.
Por la noche fuimos a cenar a casa de Edgar y Rinna, a la que por fin pude ver (os mandan muchos recuerdos chic@s). La conversación estuvo muy animada y la compañía la mar de grata, como siempre.
El domingo por la tarde fuimos con Miguel, su cuñado Jessi y un amigo de este a comprar los billetes de vuelta para Caracas y a tomar unas cervezas en una licorería, que en este país proliferan más que las sucursales de La Caixa en Barcelona. Después fuimos para casa, nos arreglamos un poco y nos dispusimos a pasar la nochebuena a casa de Anngie, donde su padre insistió amablemente en emborracharme a toda costa: a la que me pillaba con la cerveza por menos de la mitad ya me estaba enchufando otra... Esta gente te hace sentirte como en tu casa en cuanto entras por la puerta. Después vino el intercambio de regalos y por ultimo la cena navideña con el menú tradicional a base de hallacas (y no hayacas como escribí anteriormente), “pan de jamón”, pavo, “pernil” y ensalada. Todo muy bueno.
De hecho a esas alturas ya llevaba dos días desayunando, comiendo y cenando hallacas, como es costumbre aquí, puesto que la familia se reúne al principio de la navidad y las elabora por centenares para pasarse el resto de las fiestas comiendo eso y solo eso. (2)
El lunes fue un día absolutamente etílico, entre Luís Enrique, Miguel, Jessi y yo nos enchufamos dos cajas de cerveza (mas de 15 por barba), a lo largo de toda la tarde. Y es que esta maldita cerveza venezolana da sueño y ganas de mear, pero emborrachar, lo que se dice emborrachar, no. El problema es que la espalda había empezado a dolerme atrozmente la noche anterior sin motivo aparente y al final del día estaba viendo las estrellas, con lo cual llego un momento en que me tuve que retirar.
Ayer un día tranquilo, fuimos a comer sopa a casa de los padres de Anngie y después volvimos para casa a celebrar el cumpleaños de Rafaelito, que por cierto no se presento. El tal Rafaelito es un niño del vecindario al que la familia de Miguel “apadrinó” desde pequeño, puesto que a pesar de que vive con su madre (al padre échale un galgo) esta no se preocupa excesivamente de él. Le dan de comer casi todos los días, le compran ropa, regalos, se preocupan de que vaya al colegio… Por lo que me explican, aquí es una situación relativamente frecuente y es que estos venezolanos pueden llegar a ser un desastre sistemático, pero también tener un corazón de oro. El niño llama a Miguel papá, a Luís Enrique tío, etc.
De allí para el Terminal de autobuses y dirección a Caracas, para llegar aquí a las 04:30 de la mañana, muertos de sueño y un tanto ateridos por el frió. (3) Y al llegar a casa una sorpresilla, un ratero se acababa de colar por el tejado hacia 10 minutos escasos y le había robado el móvil a Culebrin, que se ha despertado y lo ha sorprendido en pleno hurto, provocando su huida. Escenas pintorescas de la Venezuela de hoy…



(1) La semana pasada por fin pude consultar estadísticas sobre los muertos en carretera en Venezuela: 6000 al año. Si tenemos en cuenta que en Venezuela hay unos 27 millones de habitantes y en España unos 42, eso significa que tienen el equivalente a 9500 muertos, frente a los 4000 que tenemos nosotros en los peores años. Ni que decir tiene que la proporción de coches por mil habitantes debe de ser aquí notablemente inferior…
(2) Si quieres saber que es exactamente una hallaca consulta:
http://www.venezuelatuya.com/cocina/hallaca.htm . Si, lo has pillado, me daba menos pereza buscarlo en google que explicarlo.
(3) Importante tradición local que hay que conocer si se desea viajar a Venezuela: los autobuses interurbanos, que son los que disponen de aire acondicionado, son lo más parecido a un congelador de carne que hayáis visto nunca. Sin que nadie, incluyendo lugareños, sepa explicarte por que la temperatura media durante el viaje puede estar por debajo de los 10 grados. ¿Qué hace la gente?, entrar al autobús como si se dirigiera camino a la deportación a Siberia: mantas gruesas, anoraks… completamente innecesarios en cualquier época y casi cualquier lugar del país. Estooo ¿He mencionado ya que los venezolan@s están loc@s de atar?

viernes, 22 de diciembre de 2006

Se acerca la navidad.

Hoy seré breve, que en algo más de dos horas salgo en autobús dirección a Ciudad Bolívar para pasar la navidad con Anngie, Miguel y su familia. Bueno en realidad nos vamos a Puerto Ordaz, por que no ha habido manera de conseguir el billete que queríamos. De allí cogemos una buseta y en una hora llegamos.
Y es que estos días las estaciones de buses interurbanos son el caos, puesto que la población vive concentrada en Caracas y en Navidad vuelve masivamente a su lugar de origen. El miércoles fui con Anngie a acompañar a Miguel y a Thania a la estación, puesto que ellos adelantaron su partida. Aquello era como un ring de lucha libre colectiva, pero con menos organización: empujones, todo el mundo intentando colarse, follones liándose cada dos por tres… Me sudan hasta las muelas de pensar en el embarque que nos espera hoy.
Pero bueno, por otro lado tengo ganas de estar en Ciudad Bolívar unos días (el lunes por la noche pretendo volverme, por que el trabajo apremia) y poder ver a Edgar y al resto de la tropa. Y por supuesto ¡el Orinoco!, me encanta ese rió, es una de las cosa mas impresionantes que he visto nunca, sobre todo por la noche cuando las luces se reflejan en sus aguas.
Ayer estuve en la fiesta de Navidad que organizaba el Municipio Vargas y a la cual muy amablemente me invitaron. Estuvo bien si no fuera por que estuvimos unas dos horas esperando a que nos sirvieran la comida y al final estaba por comerme el mantel. Eso si, antes de la comida como aperitivo fueron dejando en cada mesa (para una media docena de personas) una hielera y ¡una botella de whisky!. Si te digo yo que estos venezolanos están como una cabra…
Total que no hice nada del proyecto y hoy que también he ido a La Guaira, me he pasado casi tres horas comiendo por que me han invitado dos compañeros de trabajo, uno de ellos la señora que me ofreció pasar las navidades en su casa con la familia. La conversación, para variar en este país, ha girado en torno a la política, pero también nos hemos reído un buen rato. Son una gente muy agradable y muy atenta.
Lo dicho, pasad una feliz navidad, comed turrones como condenados e intentad lidiar con la familia lo mejor que podáis, por que a final de cuentas estas fechas son solo una vez al año… afortunadamente. Y si os queda tiempo, acordaros un poco de mi que estaré pasando una extraña y tropical navidad a 40 grados a la sombra y muy lejos de vosotr@s. Un abrazote.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

Una fiesta inesperada.

Sigo dedicando mi día a día al proyecto de la base de datos para el servicio de recogida de basuras del municipio Vargas, con la colaboración estrecha del amigo Javi, que se esta poniendo las pilas al 100%. Ahora ya hemos empezado con la parte técnica, que es lo interesante del asunto, además de dejar de pelearme con los venezolan@s para ver que narices quieren. ¡Que alivio!.
El lunes por la noche cuando llegué a casa, hasta el gorro del maldito atasco para ir y venir de Caracas (unas tres horas diarias entre ir y volver, trayecto en metro aparte), me entere de dos noticias, que como en el chiste eran, una buena y otra mala.
La mala es que el partido nos desaloja en breves a tod@s de la casa “okupa” debido al desmadre que impera allí y a oscuros acontecimientos que han sucedido últimamente y que os explicaría gustosamente, pero este no es el lugar indicado. Total que esos “acontecimientos” (que nada tienen que ver conmigo) han sido la gota que ha colmado el vaso y que ha hecho que ese día se llevaran la mayoría de las literas, dejando las imprescindibles.
Supongo que te preguntaras donde voy a vivir… yo también, la verdad. Lo he comentado con la gente de La Guaira y les he dicho que me tiene que buscar algo o me piro para Ciudad Bolívar. La pelota esta en su tejado, por que lo que no puedo hacer es pagarme un hotel aquí teniendo alojamiento allá…
La buena noticia era que ese día Miguel cumplía 33 años, así que él y Anngie estaban preparando una tremenda parrillada de carne para celebrarlo. Fuimos a comprar unas cervezas, subimos a la azotea a asar la carne y allí mismo improvisamos una fiesta entre los 8 que quedamos en la casa. Yo puse mi MP3 con unos altavoces y desde Ramirito (77 años) hasta Thania (2 años) nos liamos a bailar y a beber (Thania solo refresco, tranquil@). El resultado fue la primera borrachera a base de whisky que he pillado en mi vida, básicamente por que no me gusta, pero claro había que acompañar y era lo único que había… La estrategia fue ir pegando un trago de zumo de naranja después de cada trago de whisky a palo seco, para quitarme el regusto asqueroso. El cachondeo de los nativos ante esta "estrategia" era para verlo.
De todos modos el punto más delirante de la noche fue la excursión que hice con Miguel a las tantas de la mañana a buscar tabaco en una licorería. Hay que ver la fauna que circula a esas horas por esta ciudad... De la fiesta hay fotos pero no de mi cámara, pues sigo sin pilas, así que en cuanto las consiga os pongo algunas.
El martes renuncie a mis planes de dormir hasta las tantas y me fui hacia La Guaira mas o menos temprano. A la vuelta presencié un “motín” de los pasajeros por que el autobusero quería cobrar 3000 bolívares (algo así como un euro), en lugar de los 2000 que marca la ordenanza.(1) Le dijeron de todo, pero lastimosamente a esas alturas yo ya había pagado… Tendrías que haberlo visto, hasta cuando se cabrean estos venezolanos resultan la mar de divertidos.
Al llegar a casa estaba Edgar, de paso por la ciudad y pude charlar un ratillo con él, pero bastante poco. Espero poder verlo este fin de semana que me voy para Ciudad Bolívar a pasar la navidad con la familia de Anngie y Miguel.

Lo del autobusero queriendo cobrar de más es un buen ejemplo de que en este país las leyes más que una obligación, se asemejan a una recomendación. Nadie parece tomárselas en serio, desde la norma mas tonta (no veas que pelea para que estos vándalos no le dieran palomitas a los animales del zoo), hasta la ley mas importante son ignoradas a conveniencia. Al final de cuentas siempre, casi siempre, parece quedar el comodín del 50%, es decir la posibilidad de sobornar al funcionario de turno, ¡si no es él el que te “sugiere” el soborno!. La Revolución tiene mucho trabajo cambiando el país, pero mucho mas cambiando las conciencias.


(1) Los autobuses son todos privados y creo que en general suelen ser del conductor, así que no hay una línea regular si no un montón de buses que van haciendo la ruta cada uno por su cuenta.Tampoco hay paradas establecidas, tu berreas: “¡¡la parada!!” y donde buenamente te da la gana te bajas.